domingo, 18 de enero de 2009

El genio sin lámpara.


Él carecía de dueño.

Fue su propio amo

y...

esclavo de su ser.

Él era presente, él era testigo de este, nuestro, lacerante mundo. Perpetuamente frotado por la condición hostil, emergía cual junco indomable regalando brochas de libertad a nuestra ciega mirada. Emergía como el sol entre las nubes de un día gris engendrando un desconocido y mágico cosmos desde su triste ausencia de sueños.

Gozaba del poder innato que otros desean. El poder de ser uno mismo, el poder de ver la vida con otros ojos, el poder de tener principios y caminar por su senda inagotablemente fiel a ellos.

Pícaro y descarado. Sencillo y campechano. Franco y riguroso. Humilde y rebelde... aunque también, inevitablemente lacrado por su propia grandeza.

A ese ser humano cuyo mayor conflicto fue la pertinaz búsqueda del sinflicto.

A nuestro maestro Antonio Llopis, cuya eterna semilla...
se me torna incapaz de ser descrita.

Gracias por haber sido.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

puede ser que ahora él repita estas palabras tuyas y transformándose en polvo de estrellas una de ellas nos llegue y germine en algún
lugar de nuestro torturado planeta una nueva flor de la pasión que despierte en un niño una sonrisa picarona, como a veces la suya, y una mirada de esperanza, como él alguna vez la tuvo, en un mundo mejor mas justo y mas humano

Anónimo dijo...

No tuve el gusto de haber conicido a ANTONIO LLOPIS, pero he tenido el gusto de leer un poema lleno de pinceladas maravillosas que describen a un personaje único, libre, rebelde y grande que se ha ido, hace un mes, con William Layton ¿quizás para siempre?
F.

Jessica Delgado dijo...

Amiga, privilegiadas somos. Compartir tres años con él fue único e irrepetible... "ese ser humano cuyo mayor conflicto fue la pertinaz búsqueda del sinflicto". Grande
Antonio Llopis.